Entrevista a Jorge García Riart, director académico del Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica «Nuestra Señora de la Asunción»

Jorge García Riart es doctor en educación superior por la Universidad de Palermo, Argentina. Actualmente, integra el Consejo Nacional de Educación (CONEC, Paraguay) y como representante de este organismo forma parte del Consejo Nacional de Educación Superior (CONES, Paraguay). También se desempeña como director académico del Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica «Nuestra Señora de la Asunción» y es investigador categorizado por el Programa PRONII del Consejo Nacional de Ciencias y Tecnología (CONACYT, Paraguay).

La pandemia del covid-19 ha trastocado la manera de hacer educación ¿Qué falencias ha dejado relucir en el sistema educativo paraguayo  y, sobre todo, cómo ha impactado en la gestión educativa?

La pandemia ha desnudado varias falencias en el sistema educativo paraguayo en dos dimensiones. En la dimensión institucional, se evidenció que la mayoría de nuestras escuelas carecen de la infraestructura necesaria para desarrollar clases a distancia, no tienen acceso a internet, no tienen computadoras, por ejemplo.

En lo que respecta a la dimensión académica, los docentes demostraron que no estaban preparados. Conozco casos de docentes que dijeron «no, yo no puedo en esta modalidad», se fueron y hoy día ya no están en clases. Es decir, uno de los problemas fue la competencia del docente para impartir clases en la modalidad a distancia, haciendo uso de herramientas digitales. En este contexto, la gestión académica se llevó a cabo de manera caótica durante la pandemia del covid-19.

Otro problema que hemos visto se enmarca dentro de las políticas públicas de educación superior, es decir, nuestras universidades han sido concebidas o pensadas para un modelo tradicional cuya enseñanza gira en torno a la clase presencial. En este sentido, la legislación actual entiende que la enseñanza presencial es garantía de cierta calidad frente a la enseñanza a distancia que debe reunir los mismos requisitos que la primera. Persisten lagunas normativas con respecto a la educación a distancia en el país.

Ahora estamos volviendo a la «normalidad», ¿cómo la debemos encarar?, ¿volvemos a lo que era antes?, ¿qué enseñanzas incorporamos de la educación en contexto de pandemia?

Nuestro modelo educativo en general está pensado para un determinado territorio, busca conservar y afianzar la identidad nacional, que no está mal, sin embargo, tiene una arista restrictiva. Por ejemplo, para ser rector de una universidad en el Paraguay se requiere ser paraguayo o nacionalizado paraguayo; para que un docente extranjero pueda enseñar en el país hay un montón de restricciones burocráticas. Alguien por ahí dijo que Einstein no podría dar clases en el Paraguay. Sin embargo, la educación actualmente traspasa fronteras, y esto se da incluso, dentro del propio territorio nacional. Por ejemplo, vos abrís tu curso en Carapeguá y tenés como estudiantes a personas que residen en otras regiones o departamentos del país, sin necesidad de que se trasladen físicamente hasta Carapeguá. 

La educación en general ha sido pensada para conservar la identidad nacional, pero también ahora debe ser concebida para incorporar la diversidad, diversidad que implica tener estudiantes de otras nacionalidades, por ejemplo. Necesitamos un cambio de visión, de modelo, proyectarnos hacia una educación posnacional o insertarnos en la globalización, aunque a muchos no les guste este término.

En el Paraguay estamos en un tiempo de transición ya que en agosto asume un nuevo gobierno. A su criterio ¿qué desafíos enfrentará el Ministerio de Educación y Ciencias en este nuevo gobierno o hacia dónde debería apuntar sus acciones?

Si bien nosotros estuvimos hablando sobre los desafíos tecnológicos, los caminos hacia donde va la educación, la gestión, los problemas del Paraguay en general son muy primarios todavía. Y tampoco tenemos mucho tiempo para experimentar cosas nuevas, porque tenemos un rezago demasiado grande; mientras experimentamos cosas nuevas, podemos ampliar la brecha del rezago. ¿Y a qué me refiero con esto? Me refiero a que nuestros problemas en educación  son básicos, es decir, está en los niveles de educación inicial y de educación básica. Básico porque está en la base y  porque es muy elemental. Sabemos que niñas y niños que llegan al tercer grado no cumplen con los indicadores mínimos de comprensión lectora o resolución de operaciones matemáticas. Si pasan tercer grado con estos problemas, se arrastra este problema durante toda la primaria, luego pasa a la secundaria y así llegan, lamentablemente, a la universidad. En otras palabras, van a llegar en un nivel mediocre bajo.

Si la gestión del gobierno próximo se dedica a atender esta problemática en los próximos 5 años ya habremos ganado 1 año luz, no 100 años luz; pero si no lo hacemos, retrocederemos 100 años luz. Si este gobierno puede decir al final de su mandato, hemos mejorado los indicadores educativos de tercer grado, pasaremos del rezago. Yo creo que eso ya es una buena gestión de gobierno. Claro está que para obtener esos niveles de logro en lectoescritura y en matemática, hay que acompañar a los niños y niñas del Paraguay, sobre todo a los más vulnerables, con políticas de protección social; es decir, no solamente debemos invertir en una muy buena formación en los niveles iniciales y básicos, sino que tenemos que darles alimentación nutritiva, favorecerles útiles escolares, promocionar el acceso al sistema educativo. Aquí quiero puntualizar que tiene que haber en el país un sistema de protección social fuerte que acompañe el logro o la consecución de esos objetivos educativos;  esa es la clave, no hay mucho secreto. Si nosotros logramos esto, de complemento vamos hacer las otras cosas; si no, no vamos a poder proyectarnos hacia la educación posnacional, porque nuestros niños no van a saber escribir, no van a saber interpretar lo que está en un texto, no van a saber hacer operaciones matemáticas básicas, y por tanto vamos a perder competitividad como país y vamos a ser absorbidos por otros que tienen mayor competencia, más capacidad.

En los últimos años, se observa en el país grupos fundamentalistas que se manifiestan en contra de algunos derechos consagrados en nuestra Constitución Nacional, principalmente en contra de la educación que incorpora la «perspectiva de género». ¿Qué opina al respecto?

En los últimos años se ha abierto como nunca antes una discusión sobre los modelos educativos. En la época de Stroessner nadie discutía el modelo educativo, bueno, no se podía discutir; y teníamos un modelo educativo autoritario, vertical, basado en lecturas patrióticas, nacionalista, en la figura del único líder; en ese tiempo no se permitía la participación, no había centros de estudiantes, había docentes que por pensar distinto eran reprimidos. Incluso en la época de Stroessner se aplicaron dos reformas educativas que fueron consecuentes con el modelo nacionalista autoritario. Luego vino la Reforma educativa de 1992 y se vio la necesidad de renovar los textos escolares, incluir a más niños dentro del sistema, con una amplia aceptación ciudadana porque era necesario.

Hoy, frente a todo lo que estamos hablando, la necesidad de ser más competitivos, que tenemos que formar mejor a nuestros niños, que tienen que pasar el tercer grado con competencias suficientes, que tenemos que sentar las bases en la educación inicial y en la básica para luego proyectarse a los siguientes niveles, eso no se discute, eso no se habla, quiero decir, no hay polarización en ese sentido. Pero persiste ahora una polarización sobre derechos conquistados que nos alejan del punto focal, de los importantes problemas en educación. El problema no es la perspectiva de género o la igualdad de derecho; el problema es con o sin estos valores, nuestros niños y niñas no aprenden, no saben leer ni escribir, no saben contar más allá de 4.999. De todos modos, celebro que se esté discutiendo en torno a educación como nunca antes, que se esté hablando de educación en todas partes.

En la educación superior paraguaya, a pesar de que contamos con una oferta académica bastante expandida, se observa una escasez de programas de posgrado, sobre todo, de doctorado. ¿A qué se debe este fenómeno?

Sí, y de lo poco que hay, no todos son de investigación; estamos cayendo en un error haciendo doctorados profesionalizantes, olvidándonos de que el doctorado es una oportunidad para generar conocimientos. Si tuviera que hablar de un factor interno, puedo citar la situación socioeconómica en la que estamos, o sea, un doctorado para esta sociedad que tiene problemas tan básicos en educación (sus niños no leen ni aprenden), un doctorado no es necesario. La sociedad exige que los niños/as se alimenten bien, que accedan a una escuela, que puedan leer y sumar, es decir, nuestros problemas en educación son tan básicos que todo lo que pueda proyectarse más allá es como complemento todavía, no estamos todavía en ese estadio. Pero, también nuestras universidades están perdiendo su norte, están compitiendo entre sí por la captación de matrículas: el 80% de las universidades paraguayas es de gestión privada y cada una compite por un pedazo de la torta que contribuye a cubrir lo mínimo de gestión y no apunta a lo máximo. En otras palabras, no hay investigación en nuestras universidades, y si no hay investigación, no hay doctorados.

 

Luciano Román Medina
Universidad Católica «Nuestra Señora de la Asunción» 

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