Entrevista a Benjamín Barán Cegla, investigador categorizado de Nivel III en el área de Ingeniería y Tecnología, dentro del Sistema Nacional de Investigares (SISNI)

Benjamín Barán Cegla es doctor en Ingeniería de Sistemas y Computación, con maestría en Ingeniería Eléctrica (especialidad Computación), y con formación de base en Ingeniería en Electrónica. Es investigador categorizado de Nivel III en el área de Ingeniería y Tecnología, dentro del Sistema Nacional de Investigares (SISNI), y con una basta trayectoria en la docencia superior, tanto en grado como postgrado. Ha cursado estudios de postgrado en Japón, Estados Unidos y Brasil. Actualmente, ocupa el cargo del ministro presidente del Consejo Nacional de Ciencias y Tecnología de Paraguay (CONACYT).

Yendo a lo que es la investigación científica, ¿en qué estado se encuentra hoy la investigación o la ciencia en el Paraguay?
Miremos el largo plazo, yo empecé a realizar mis primeras actividades científicas en la década del ’70. A fines de la década del ’70, yo hablaba en el país de que quería hacer investigación, me miraban con cara de incredulidad y me decían, «bueno no perjudica a nadie, hacé lo que podés». No había ningún tipo de ayuda, no teníamos el CONACYT, no había ninguna tradición científica en el país. De hecho, en mi formación de ingeniero electrónico, no tuve ni un solo profesor que publicaba en ese entonces trabajos científicos con regularidad, al menos 1 trabajo científico por año. Entonces, si miramos lo que pasó a fines del ’70, inicios del ’80 y cómo trabajábamos hoy en investigación científica, queda claro que tuvimos importantes avances. Recuerdo que mi primer artículo científico lo publiqué en el Congreso Latinoamericano de Informática de 1987, en Colombia, y todos los costos los teníamos que asumir en forma privada. El soporte económico era de mis padres, mi esposa, mis hijos, de ahí salía cualquier tipo de apoyo. No había ningún tipo de apoyo científico.

En la década del 90 aparecen las primeras oportunidades de hacer un poco de investigación, en 1997 se funda el CONACYT y desde ahí tenemos al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, como una institución responsable de dar oportunidades y crear ciencia en el Paraguay. Los primeros años fueron simplemente intentar construir infraestructura mínima, pero a partir del nuevo milenio empezaron a aparecer diversos programas, PROCIT, DETIEC, PROCIENCIA y otros que comenzaron de a poquito a dar oportunidades al científico paraguayo, a tener algún tipo de apoyo.

El hito fundamental que cambió radicalmente la situación del científico paraguayo aparece allá por el año 2011 más o menos cuando empieza el Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores (PRONII), que categoriza y ofrece incentivos económicos a los científicos paraguayos. Eso hizo que ser investigador no dependa exclusivamente del apoyo de la propia familia; empezaron a aparecer las primeras oportunidades para recibir algún tipo de apoyo, para hacer proyectos, para viajar, para tener algún dinero, etcétera. A partir de ahí, creo que la ciencia fue avanzando bastante en Paraguay.

Por otro lado, el programa PROCIENCIA, del Fondo para la Excelencia de la Educación y la Investigación (FEEI), permitió financiar programas muy exitosos y brindar oportunidades para presentar proyectos de investigación. Hoy el científico paraguayo tiene oportunidades de presentar proyectos de iniciación científica con jóvenes que estén cursando maestría, doctorados y quieran introducirse, conocer el mundo de la investigación. Desde hace más de una década tenemos fondos para investigación de ciencias básicas y aplicadas con muchísimos proyectos que se vienen desarrollando.

Además, con mucho orgullo debo mencionar que el año pasado dimos el gran salto para la ciencia paraguaya con la posibilidad de que se presenten proyectos multicéntricos, donde varios centros de investigación colaboran, unen fuerzas para resolver un problema nacional importante, definido en nuestro Plan Estratégico 2030. Un sueño hecho realidad para la ciencia paraguaya, ya tenemos también varios proyectos estratégicos, que están siendo llevados adelante para viabilizar investigaciones de punta que pueden poner a nuestro país en una nueva posición de relevancia en la creación de conocimientos.

¿Y en qué consisten estos proyectos estratégicos que menciona?

Los proyectos estratégicos son proyectos que atienden alguna de las líneas estratégicas planteadas en nuestro plan estratégico, anteriormente teníamos el Plan Estratégico de Desarrollo 2030, pero ahora ya tenemos un nuevo Plan Nacional de Desarrollo 2050, más a largo plazo. Estos proyectos típicamente pueden llevar 4 o 5 años, un quinquenio, y manejan un presupuesto altamente competitivo de más de un millón de dólares americanos. Estos son proyectos que puede permitir a la ciencia paraguaya llegar prácticamente a la cresta del estado del arte, generar conocimiento y aportar a la ciencia mundial. Creemos que con estos proyectos estratégicos, los grupos de investigación más tradicionales ya establecidos en el país van a tener una oportunidad de construir infraestructura y ganar experiencia, generando trabajos de investigación del más alto nivel.

Además, con apoyo del CONACYT hoy podemos publicar en revistas de alto impacto, e incluso recibir apoyo para tener nuestras propias revistas científicas en Paraguay. Con todo esto, considero que estamos en uno de los mejores momentos de la historia de la ciencia en Paraguay. Nunca el científico paraguayo ha tenido tan buenas oportunidades de poder crecer como científico, como las tiene hoy.

Entonces, ¿los diversos proyectos de investigación que se postulan en el CONACYT deben alinearse al plan país o al plan estratégico nacional?
Sí, aunque no en la misma medida. Como mencioné, las oportunidades de presentar proyectos son varias. Por ejemplo, está el programa de iniciación a la investigación científica, donde la idea es apoyar a un joven a que aprenda a ser científico, obviamente se prefiere aquellos proyectos que siguen una línea estratégica a nivel país, pero el objetivo es formar investigadores, no necesariamente resolver un gran problema nacional, porque estamos hablando de apenas la iniciación de un joven como para que se entusiasme a ser científico, es decir, cada programa tiene su énfasis o enfoque. Tenemos los proyectos multicéntricos, donde varios centros de investigación intentan resolver un problema nacional concreto o de una institución concreta, y que claramente tienen la exigencia de alinearse estrictamente con las líneas definidas como líneas estratégicas.  Luego tenemos los proyectos más grandes, estos proyectos estratégicos, claramente desde su misma definición deben alinearse al Plan Estratégico de nuestro país. Entonces, no en todos los proyectos, el nivel de exigencia de alinearse con el plan estratégico es igual; para un joven que se va a iniciar en la investigación científica el nivel de exigencia de alinearse con un problema nacional, no es el mismo que para un proyecto estratégico donde es condición sine qua non alinearse con una de las líneas estratégicas del país para que el proyecto empiece a ser evaluado. Algo parecido pasa con los proyectos multicéntricos, que son proyectos para resolver problemas reales y concretos de instituciones o empresas del país.

Si bien hubo grandes avances en la ciencia paraguaya según menciona, ¿qué desafíos enfrentamos hoy?

Todavía quedan muchas cosas por hacer, por ejemplo, llevar los desarrollos científicos a la industria en forma de innovación, en forma de nuevas startups. Ahí todavía tenemos cosas que aprender. Es que estos proyectos estratégicos están empezando, tienen pocos meses y requiere ese paso de generar conocimientos en los laboratorios, en los centros de investigación, en las universidades, para que se conviertan en patentes, en productos tangibles en la industria o una startup. En este campo, nos queda mucho por mejorar todavía.

Yo creo que hemos avanzado muchísimo y estamos mejor que nunca. Sin embargo, el hecho de estar mejor que nunca no significa que estamos suficientemente bien y que seamos altamente competitivos a nivel mundial. Tenemos todavía mucho por hacer.
Siempre digo, estamos avanzando en la dirección correcta, pero a una velocidad todavía muy lenta. Si queremos alcanzar al tren que mueve la ciencia, tenemos que movernos mucho más rápido para poder llegar a la locomotora. Estamos todavía peleando para alcanzar los vagones de cola. Pero bueno, ya estamos yendo en la misma dirección que el tren de la ciencia, de la tecnología. Y como siempre ocurre en este tipo de cosas, tenemos ahora dificultades que estamos intentando resolver con la financiación de proyectos, de productos, de investigadores.
¿Y qué importancia adquiere para el país todo esto que se viene haciendo por la ciencia, por la investigación?

Creo que en esta era del conocimiento en la que aparecen herramientas de la inteligencia artificial, si no hacemos nada para tener gente capacitada, para tener científicos capaces de generar conocimiento; y si seguimos creyendo que vendiendo materia prima no suficientemente elaborada, no lograremos traer un bienestar suficiente a nuestro pueblo. Tengo miedo de llevarnos una gran decepción. Hoy necesitamos tener recursos humanos altamente capacitados a nivel nacional, específicamente científicos en prácticamente todas las áreas de la ciencia, para que como país podamos realmente progresar y traer el bienestar adecuado a toda la ciudadanía.
Mencionó hace rato el programa PRONII, actualmente SISNI, ¿qué diferencia al SISNI del PRONII y qué proyecciones se tiene al respecto?
Básicamente el PRONII era un programa nacional de incentivo a la investigación, es decir, no había ningún compromiso formal de que ese dinero exista, pero bueno, se reservó un dinero y con eso se incentivaba a los investigadores que cumplían con ciertos parámetros de calidad que se evaluaban periódicamente. En cambio, el SISNI (Sistema Nacional de Investigadores) tiene fuerza de ley, es decir, hay una ley que regula el sistema nacional de investigadores y con eso entendemos que hay un mayor compromiso de parte del gobierno nacional en apoyar al sistema nacional de investigadores. Al haber una ley, las probabilidades de que el Sistema Nacional de Investigadores sí pueda ser sustentable en el tiempo, es mucho mayor que cuando era un mero programa de incentivo (PRONII), sujeto a que existan o no recursos.

El SISNI es algo todavía nuevo, así que este año nos va a tocar a los que trabajamos en investigación y ocupamos algún cargo de responsabilidad en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología analizar con las altas autoridades nacionales cómo se va a conseguir los recursos para efectivamente asegurar el Sistema Nacional de Investigadores, sin embargo, somos optimistas por las conversaciones que hemos sostenido con las autoridades del gobierno. Con el PRONII, el investigador paraguayo ya está en una categoría de profesional (ya no es solo un hobby hacer investigación), y con el SISNI esperamos que esto tenga la debida sustentabilidad. Estamos trabajando justamente para ver cómo asegurar esos recursos en el tiempo.
Y en cuanto a tecnología específicamente, ¿qué programa tienen o han desarrollado?
La mayoría de los programas que mencioné tienen un fuerte énfasis tecnológico también, pero además de eso teníamos el programa PROINNOVA, donde apoyábamos a las empresas, a startups, a llevar innovación a la empresa y a introducir tecnología para que las empresas mejoren. La lógica es que en la medida que las empresas mejoran, también aumentan sus ingresos y, por ende, lo que pagan de impuestos y entramos en un círculo virtuoso digamos, porque al mejorar la empresa se crean fuentes de trabajo, hay más ingresos para el país, hay más impuestos y todos ganamos. Este programa que duró un quinquenio fue muy exitoso y ya estamos en etapa de cierre con el Banco Interamericano de Desarrollo. Hoy por hoy estamos en tratativas para iniciar una segunda parte del programa PROINNOVA, lo que llamamos PROINNOVA II, que ya tiene el visto bueno del BID, y en este momento está a la espera de la firma del ministro de Economía y Finanzas para acceder a un nuevo desembolso de préstamo que permitirá la ejecución de este nuevo programa.

¿Y cómo ve a las universidades paraguayas en la gestión de la investigación científica, porque tradicionalmente son instituciones lentas y burocráticas?
A ver, es importante mencionar que alrededor del 50 % de toda la investigación que tenemos registrada en el país lo hace una única universidad que es la Universidad Nacional de Asunción. Prácticamente la mitad de los proyectos, la mitad de los recursos concursables, de una u otra manera, terminan con la participación de la Universidad Nacional de Asunción. Así que claramente las universidades sí están participando.

Ciertamente, no todas las universidades; las universidades públicas están teniendo un poco más de dificultades burocráticas, por lo que implica regirse por las normas del sector público, pero aun así hay cada vez más universidades públicas que están presentando proyectos y desarrollando investigaciones. Puedo mencionar universidades como la Universidad Nacional de Caaguazú, último Premio Nacional de Ciencia, la Universidad Nacional del Este, la Universidad Nacional de Itapúa, la Universidad Nacional de Concepción, todas universidades públicas donde ya hay proyectos de investigación y profesores dedicados a la investigación.

Por otro lado, en el sector privado tenemos universidades con un nivel de agilidad bastante mayor. No tienen todo ese bagaje burocrático que tiene el sector público, pero con la dificultad de invertir fuertes sumas de dinero en proyectos de investigación.

Consideremos ahora a las universidades privadas. Si miramos el presupuesto y cómo se usan los ingresos, veremos que dedican a investigación una parte bastante pequeña. Entonces no tenemos tantos proyectos de gran envergadura liderados desde las universidades privadas. Y ciertamente, es un tema muy importante ver qué se puede hacer para que también puedan aumentar el porcentaje de esfuerzo en investigación, así como un número razonable de universidades públicas que en general no están dándole un énfasis prioritario a la investigación científica.

Efectivamente, tenemos varias universidades privadas donde no observamos que existan publicaciones científicas: revistas y proyectos presentados al CONACYT. Lo importante es que cada vez hay más universidades participando de proyectos de investigación o presentando propuestas.

Y desde el CONACYT, ¿se está contemplando algún tratamiento especial a las universidades del interior del país, que todavía no tienen tradición científica o demuestran debilidades en esta área?
Hay varias medidas para que las universidades del interior tengan algún tipo de oportunidades, aun compitiendo con grandes universidades de Asunción y Gran Asunción, como la misma Universidad Nacional de Asunción, por ejemplo. En los proyectos de ciencia aplicada, si existen suficientes proyectos del interior que hayan pasado el mínimo necesario, priorizamos la adjudicación a proyectos que se van a realizar en estas instituciones hasta un 30 %, o sea, de cada 10 proyectos que se van a adjudicar, se procura que 3 por lo menos sean del interior del país. Digo por lo menos, porque los proyectos compiten en calidad, entonces si el 100 % de los mejores proyectos son del interior, el 100 % de los proyectos irían al interior; pero si ese no es el caso, por ejemplo, hay proyectos muy buenos, pero no son los mejores y son del interior, entonces se intenta completar un cupo de alrededor de 30%.
Priorizamos proyectos del interior que sean de buena calidad, pero que de repente no eran los mejores y si solo se miraba el puntaje, posiblemente podía haber un proyecto de la Universidad Nacional Asunción que tenga igual o mayor puntaje.
Pero insisto en que esto se hace solo con los proyectos que cumplen con un mínimo nivel de calidad, un proyecto que no llega a 80 % del puntaje total, aunque sea del interior del país, igual no será adjudicado, tiene que ser un buen proyecto. Estamos dando esta priorización a los proyectos del interior en la esperanza de que se vaya desarrollando la investigación científica en todo el país, cosa que se empieza a ver, porque me ha tocado visitar varias de las universidades que mencioné: en Encarnación, en Ciudad del Este, en Coronel Oviedo, en Pilar, en Concepción, y puedo dar fe de que en todos esos lugares ya hay grupos de investigación que están llevando adelante proyectos de investigación.

Existe una percepción o una crítica respecto a que el CONACYT enfatiza en las áreas de ciencias básicas y tecnológicas, marginando a las ciencias sociales y las humanidades, ¿qué puede decir al respecto?
Es justo lo contrario, basta mirar cuántos proyectos de investigación hay en cada una de las áreas y vamos a ver que ciencias sociales y humanidades tienen más proyectos adjudicados.  Vamos a ver que hay más investigadores recibiendo apoyo en el área de ciencias sociales que en agrarias, o que hay más becarios. Vamos a encontrar que el número es bastante grande justamente en ciencias sociales y humanidades, así que esa percepción creo que contradice a los datos.

Yo entiendo de dónde sale esa percepción: hay muchas personas en el área de ciencias sociales y humanidades, y entonces la competencia es más grande. En cambio, no hay tantos proyectos que se presentan en áreas como agraria o ingeniería. Se abre un posgrado o un doctorado y es en educación; las solicitudes para hacer maestrías o doctorados en educación y temas afines son muchísimas; pero en el área de las ingenierías, poquísimas. Claramente acá lo que pasa es que hay posiblemente una percepción errada, que se contradice con los números. Bastaría con revisar en BECAL cuántos becarios fueron a hacer computación o ingeniería civil y cuántos fueron a estudiar posgrado en educación, por ejemplo. Veamos los números: cuántos proyectos hay en ciencias sociales y cuántos en ingeniería, y encontraremos que en realidad pasa todo lo contrario.

Algún mensaje final que desee agregar, doctor.
Simplemente quiero reiterar que hago investigación desde fines de los ’70, y hoy tengo el inmenso honor de presidir el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, una verdadera sorpresa para alguien que hizo vida científica y académica toda la vida, poder ocupar un cargo de ministro. Mi percepción es que mirando lo que hemos hecho como país en las últimas décadas, voy a insistir que estamos yendo por el camino correcto, estamos apoyando la ciencia, estamos apoyando los posgrados. Hoy tenemos maestrías y doctorados en el país. Tenemos centros de investigación, facultades que ya están con grupos establecidos de investigación. Estamos yendo en el camino correcto cierto, pero tenemos que acelerar el paso. Todavía vamos muy lento con relación a lo que está ocurriendo en el mundo y en ese sentido, toda la sociedad debería entender, apoyar que la ciencia se desarrolle en el país y lograr que las autoridades que toman decisiones sobre los recursos nacionales entiendan la importancia de apoyar la ciencia, de darle sustentabilidad a los recursos que se necesita para continuar, para que nuestros hijos, nuestros nietos, puedan desarrollar sus actividades científicas en el país y no tengan que pagar el alto costo del desarraigo, si es que quieren hacer actividad científica.

Yo tuve que salir del país y estudiar en el extranjero por 10 años para poder acceder a una formación científica, y me encantaría que mis nietos tengan oportunidades de desarrollarse aquí en Paraguay y no tengan que pagar el costo desarraigo, y para eso necesitamos que toda la sociedad entienda la importancia de apostar a la ciencia, de asegurar recursos y de esa manera concientizar a las altas autoridades nacionales de que necesitamos ese apoyo para que la ciencia siga creciendo en nuestro país.

Luciano Román Medina
Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción" - Unidad Académica de Carapeguá (Paraguay)

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