Entrevista a José Manuel Lavié Martínez, autor de “El trabajo colaborativo del profesorado"

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José Manuel Lavié es doctor en Ciencias de la Educación y profesor en el Departamento de Didáctica y Organización Educativa de la Universidad de Sevilla. Su tesis doctoral, que abordó el estudio de la colaboración docente en varios centros de primaria, fue galardonada con una Mención Honorífica en la convocatoria de Premios Nacionales a la Investigación Educativa 2004 del Ministerio de Educación y Ciencia. Durante dos años ha completado su formación postdoctoral en la Universidad Autónoma de Barcelona. Igualmente ha realizado diversas estancias en Canadá, Australia y Reino Unido con investigadores de reconocimiento mundial y ha publicado sobre el tema de la colaboración docente en revistas especializadas tanto nacionales como internacionales.

 

 

1.  ¿Qué debemos entender por trabajo colaborativo docente?, ¿Cómo caracterizaría a éste?

En la literatura educativa podemos encontrar múltiples definiciones y taxonomías que intentan delimitar conceptualmente el trabajo colaborativo. Así, por ejemplo, es frecuente distinguir entre la cooperación, la colegialidad y la colaboración como formas de interacción docente que indican una progresión de creciente complejidad y profundidad. Similarmente, podemos distinguir entre el grupo y el equipo como formas de trabajo conjunto que difieren en función de los niveles de interdependencia, de consenso en las metas y de desarrollo de los medios para su consecución. Sin embargo, este consenso es ciertamente más aparente que real, y en la práctica puede resultar poco útil emplear estas categorías rígidamente. Creo que la cuestión fundamental que no deberíamos perder de vista es que el trabajo colaborativo del profesorado puede adoptar múltiples formas y expresiones, del mismo modo en que puede ser interpretado y experimentado de diversas maneras por sus protagonistas. De modo amplio, tal como se analiza en el libro, el trabajo colaborativo es un término paraguas que designa cualquier expresión de trabajo grupal ideológicamente orientada y sostenida en el tiempo. Entiendo que no tiene mucho sentido delimitar qué constituye o puede constituir un trabajo colaborativo auténtico. Más bien, la pregunta que nos deberíamos formular es la de qué efectos tienen determinadas formas de trabajo colaborativo sobre la práctica educativa, y muy especialmente sobre los procesos de enseñanza-aprendizaje que se desarrollan en las aulas.

 

2.  Actualmente, ¿qué factores favorecen o dificultan el trabajo colaborativo docente en nuestras organizaciones educativas?

Obstáculos para la colaboración docente hay muchos, puesto que las escuelas son organizaciones que fueron diseñadas para la instrucción directa del alumnado, pero no para el trabajo colaborativo del profesorado. En este sentido, más adelante comento algunas cuestiones relacionadas con la autonomía institucional, la movilidad del profesorado, la organización de los espacios y los tiempos y las políticas de formación y actualización docente como potenciales dificultades al estímulo colaborativo. Y, en cuanto a los factores que pueden favorecer la colaboración docente, creo que tenemos razones para ser moderadamente optimistas. Las nuevas generaciones comienzan a adquirir cierta conciencia sobre la importancia de entender la profesión docente más allá del ámbito de trabajo del aula, aunque muchas veces desde las instituciones encargadas de la formación inicial del profesorado ofrezcamos nosotros mismos los más pésimos espectáculos de actuaciones coordinadas. Por otro lado, la actual crisis de legitimidad de la escuela como institución educativa, así como la multiplicación de las demandas, en ocasiones contradictorias, que ésta recibe, generan un sentido de urgencia y necesidad que, debidamente encauzado, puede contribuir a generar también un sentido de oportunidad para el trabajo colaborativo. El profesorado debe encontrar soluciones para encarar situaciones a las que no está acostumbrado y/o con las que las pautas de respuesta familiares no tienen ya éxito. Agotados los modelos racional-burocráticos basados en el expertismo y en estrategias tecnológicas, el trabajo colaborativo puede presentarse como una vía más orgánica y generativa para ofrecer respuestas ad hoc a los problemas emergentes.

 

3.  ¿Hasta qué punto el trabajo colaborativo entre docentes puede promover el desarrollo de las organizaciones educativas?

Personalmente estoy convencido de que el cambio, la mejora y, en fin, el desarrollo de las organizaciones educativas hacia modelos más democráticos, inclusivos y socialmente justos requiere, necesariamente, la puesta en marcha de procesos de trabajo colaborativo. Las investigaciones recientes, pero también el sentido común, ponen de manifiesto que cualquier proceso de desarrollo únicamente es sostenible en el tiempo cuando descansa en formas de trabajo colaborativo y de liderazgo distribuido. Ello no significa, sin embargo, que el trabajo colaborativo, per se, genere automáticamente mejoras para la organización, los individuos que la habitan y las prácticas educativas que en ella se desarrollan. Como argumentaba en la primera cuestión, el trabajo colaborativo puede servir tanto para transformar los patrones actuales de la práctica educativa como para perpetuarlos y reforzar el statu quo. Una de las premisas de las que parto en el libro es justamente que, a pesar de su carácter ubico, la colaboración y el trabajo colaborativo son significantes con múltiples significados posibles y que, en consecuencia, no todas las formas de trabajo colaborativo son idénticas, ni persiguen los mismos fines, ni están al servicio de intereses similares, ni tienen como resultado efectos equivalentes. Bajo determinadas circunstancias y en algunas de sus versiones, las dinámicas colaborativas pueden convertirse en el mejor instrumento para minimizar las resistencias en la implementación de fines ajenos al grupo, para gestionar el consenso y el consentimiento o para anular visiones alternativas tanto sobre los procesos como sobre los productos deseables. Así, partiendo de este supuesto, en uno de los capítulos trato de desenmarañar distintos discursos que la literatura especializada viene articulando sobre el trabajo colaborativo docente, analizando los posibles efectos de cada uno de ellos en el desarrollo organizativo. Y en otro capítulo me intereso por el análisis de la cara menos amable de la colaboración docente - lo que denomino su "lado oscuro". Ello no debería entenderse, en ningún caso, como un alegato en contra de la colaboración docente. Al contrario, mi intención es contribuir a elaborar un discurso más diferenciado sobre las prácticas colaborativas entre el profesorado y sus diversos efectos en la mejora y el desarrollo de las organizaciones educativas. También deberíamos concretar qué entendemos por tal desarrollo, porque probablemente no todos compartamos un modelo organizativo idéntico en este sentido. Pero eso sería otra cuestión.

 

4.  ¿Qué tipo de acciones se deberían impulsar, desde la política educativa, para mejorar el trabajo colaborativo en los centros educativos?

El trabajo colaborativo es una práctica compleja, y como tal requiere la intervención de medidas igualmente complejas. Sin que ninguna de ellas, por separado o conjuntamente, sean garantía de nada, entiendo que para potenciar el trabajo colaborativo en los centros es necesario, al menos, actuaciones en tres planos distintos. Por un lado, en un plano organizativo básico, es necesario garantizar una serie de condiciones de autonomía suficiente que actualmente están, cuanto menos, mermadas. Si las condiciones que inciden en el trabajo docente están sobrerreguladas desde el principio, entonces sólo cabe esperar la articulación de pantomimas o formas pseudocolaborativas en la que tanto los fines como los procesos se encuentran cooptados. También son determinantes las políticas de movilidad y traslados del profesorado, en la medida en que la formación de equipos de trabajo requiere el establecimiento de vínculos sostenidos en el tiempo, y en claustros donde casi la mitad de su profesorado es renovado anualmente esto se hace especialmente difícil. Por otro lado, estructuralmente la colaboración no puede ser mandada, pero sí necesita ser facilitada. Sin tiempos ni espacios para el trabajo colaborativo resulta ilusorio a la vez que injusto hacer descansar el proyecto en la voluntariedad de unos pocos. Y, cómo no, es necesario favorecer igualmente cambios culturales en una profesión históricamente marcada bajo el estigma de la privacidad y el individualismo. Esta "reculturización" del trabajo docente es, probablemente, la cuestión más difícil de cambiar y en la que las políticas educativas pueden tener un impacto más indirecto o tangencial. No obstante, las políticas formativas, tanto las relativas a la formación inicial como a la permanente, pueden realizar una importante contribución, tanto en un sentido potenciador como inhibidor.

 

5.  Situados en el ámbito de la gestión educativa, ¿Qué recomendaciones le haría a un directiv@ que pretenda fomentar el trabajo colaborativo entre los profesionales que trabajan en la organización que dirige?

Huyendo de cualquier postura dogmática, creo que la principal preocupación debería tomar como referente la distribución del liderazgo. Aunque la idea misma de liderazgo distribuido, tan en boga en el discurso organizativo actual, es controvertida, y en el libro dedico varias páginas a su análisis y crítica, entiendo que no puede haber colaboración docente auténtica sin una distribución del poder y de la capacidad de influencia de quienes son requeridos para colaborar. Ciertamente, no todas las organizaciones se encuentran en las mismas condiciones de desarrollo ni se enfrentan a circunstancias idénticas. Ello significa, entre otras cosas, que el nivel de distribución del liderazgo no puede ser el mismo en todas las organizaciones. Una de las primeras cuestiones que debería plantearse un directivo es: ¿qué nivel de distribución es posible y deseable en esta organización? Ello determinará con toda probabilidad las formas de trabajo colaborativo que son posibles en ese momento. No obstante, ni las condiciones de desarrollo ni las circunstancias que inciden en la organización son estáticas. Es responsabilidad de los directivos impulsar la organización hacia estadios de desarrollo en los que el profesorado y otros agentes educativos se encuentran más capacitados para asumir los retos del liderazgo distribuido. Todo esto, que puede parecer muy retórico, tiene en realidad implicaciones prácticas inmediatas. En este sentido, creo que antes de preocuparnos por cómo concretar las instancias de trabajo colaborativo, hay que llenarlas de un sentido y una finalidad. Definir el modelo educativo para el cual queremos trabajar debe ser una tarea previa e ineludible, a la vez que un esfuerzo colaborativo. No podemos presuponer el consenso en torno a los fines: éste debe construirse, aunque sea en condiciones no absolutas, si queremos potenciar después el trabajo colaborativo para su consecución.

 

Diciembre 2009

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Comentarios

Sin duda, sus ideas no las plasma solo en sus publicaciones sino que las traslada perfectamente a las aulas donde imparte clases. Los alumnos de Ciencias de la educación están encantados con Lavié.
Enhorabuena!!!!!!!!!!!!!!

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