Entrevista a Marcela Jarpa Azagra, Directora de la Escuela de Pedagogía PUCV

I. Trayectoria y visión
1. ¿Qué la motivó a asumir la dirección de la Escuela de Pedagogía y cuál es su visión para el desarrollo de la formación docente en la actualidad?
Asumir la dirección de la Escuela de Pedagogía significó para mí la posibilidad de aportar, desde un espacio de liderazgo y toma de decisiones, a transformaciones que considero urgentes para la formación docente. Creo profundamente en la importancia del liderazgo femenino en la educación superior, no solo como expresión de mayor equidad en el acceso a responsabilidades directivas, sino también como una forma de enriquecer la conducción institucional con perspectivas que muchas veces han estado menos presentes. Para mí, ocupar un espacio de dirección también implica asumir la responsabilidad de crear y abrir caminos, generar condiciones para otros liderazgos y contribuir a que las decisiones académicas dialoguen más estrechamente con las necesidades reales de la formación y del sistema educativo.
Me motivó, además, la convicción de que cuando una académica llega a espacios de conducción universitaria, especialmente habiendo conocido el sistema educativo desde múltiples dimensiones, es posible impulsar cambios con mayor celeridad, pertinencia y sentido de realidad. Mi trayectoria me ha permitido comprender la formación docente no solo desde la universidad, sino también desde la experiencia directa en el sistema escolar. Fui profesora en establecimientos públicos y privados; llevo más de veinte años formando futuros docentes; he participado en procesos de creación e implementación de carreras; me he desempeñado como par evaluadora de la CNA desde 2009; y, además, he investigado sostenidamente la realidad educativa y la formación de profesores desde mi campo de especialidad, la lingüística aplicada. Todo ello me ha dado una mirada amplia, compleja y a la vez muy concreta de los desafíos que enfrenta hoy la formación inicial docente.
Mi visión para el desarrollo de la formación docente en la actualidad se sostiene en una idea central: necesitamos una formación rigurosa, situada, reflexiva y profundamente comprometida con la justicia social. Esto supone formar profesores y profesoras con sólidos saberes pedagógicos y disciplinares, pero también con capacidad de leer críticamente los contextos, comprender la diversidad de trayectorias de aprendizaje, investigar su propia práctica y actuar con responsabilidad ética y pública. En ese marco, considero especialmente urgente fortalecer la formación en ética profesional, porque hoy la labor docente se desarrolla en contextos sociales, culturales y políticos cada vez más complejos, que tensionan permanentemente el quehacer educativo. Por ello, no basta con preparar docentes técnicamente competentes; necesitamos formar profesionales con convicciones profundas, capaces de sostener una práctica pedagógica fundada en principios, en la responsabilidad hacia otros y en la certeza de que educar no solo es el medio a través del cual se ejerce esta profesión, sino también su fin más esencial. En un escenario educativo atravesado por la desigualdad, la diversidad y las transformaciones culturales y tecnológicas, la formación docente debe preparar profesionales que no solo respondan a los cambios, sino que también sean agentes activos en la construcción de una educación más inclusiva, más pertinente y de mayor calidad.
2. Desde su experiencia, ¿cuáles son hoy los principales desafíos que enfrentan las carreras de pedagogía en el contexto educativo chileno?
Hoy las carreras de pedagogía enfrentan el desafío de formar docentes para un sistema educativo cada vez más complejo y exigente. Las escuelas están atravesadas por múltiples tensiones: escenarios de convivencia difíciles, episodios de violencia que afectan tanto a profesores como a estudiantes, políticas públicas que muchas veces han recargado el trabajo docente y han debilitado su autonomía profesional, una relación a veces frágil con las familias y, además, los efectos persistentes de la postpandemia en los aprendizajes y en el bienestar socioemocional de las comunidades educativas. En este contexto, ser profesor o profesora se ha vuelto una tarea mucho más demandante.
Por eso, uno de los principales desafíos de las escuelas de pedagogía es no idealizar la profesión docente, sino preparar a los futuros profesores para ejercer en contextos reales, diversos y muchas veces adversos. Esto exige una formación sólida en lo disciplinar y en lo pedagógico, pero también una preparación que fortalezca la capacidad de comprender los contextos, tomar decisiones profesionales fundadas y construir respuestas pedagógicas pertinentes frente a problemas complejos.
Junto con ello, considero fundamental fortalecer con mayor decisión la ética profesional, porque hoy más que nunca necesitamos docentes con convicciones profundas, sentido de responsabilidad y compromiso con sus comunidades educativas. Asimismo, es clave promover liderazgos colaborativos, capaces de generar trabajo conjunto entre docentes, equipos directivos, estudiantes y familias.
En síntesis, el gran desafío es formar profesores altamente preparados, pero también profundamente conscientes del sentido público, ético y transformador de su profesión.
II. Formación inicial docente
3. ¿Qué cambios considera necesarios en la formación inicial docente para responder a las demandas actuales del sistema escolar?
En concordancia con la pregunta anterior, creo que no basta con solo entregar herramientas teóricas o metodológicas; necesitamos preparar a los futuros docentes para leer contextos, enfrentar escenarios cambiantes y tomar decisiones pedagógicas y éticas fundadas.
En ese marco, considero necesario fortalecer, en primer lugar, la articulación entre formación disciplinar, formación pedagógica y práctica profesional, de modo que los estudiantes no vivan estos ámbitos por separado, sino como dimensiones integradas de su identidad docente. En segundo lugar, se requiere una preparación más robusta para trabajar en contextos de diversidad, inclusión, convivencia compleja y rezago de aprendizajes, incorporando estrategias de evaluación formativa, acompañamiento socioemocional a familias y estudiantes y trabajo colaborativo con otros actores de la comunidad educativa.
También hay que avanzar en una formación docente que incorpore con mayor profundidad la alfabetización digital y el uso crítico de tecnologías emergentes, incluida la inteligencia artificial.
4. En su opinión, ¿cómo se puede fortalecer la relación entre la formación universitaria y las realidades de las escuelas?
Es fundamental avanzar en vínculos más sistemáticos, estables y bidireccionales con los centros escolares. Esto supone prácticas tempranas y progresivas, acompañamiento situado, trabajo conjunto con docentes mentores, investigación colaborativa y espacios permanentes de retroalimentación entre universidad y escuela. También implica que las decisiones curriculares de la formación inicial docente se construyan considerando las transformaciones reales del sistema escolar y no solo desde una lógica interna universitaria.
Cuando esa relación se fortalece, la formación de los futuros profesores gana en pertinencia, en profundidad y en sentido. Y, al mismo tiempo, la universidad puede aportar al sistema escolar no solo formando docentes, sino también acompañando procesos de innovación, reflexión pedagógica y desarrollo profesional.
III. Gestión y liderazgo académico
5. Dirigir una escuela de pedagogía implica articular docencia, investigación y vinculación con el sistema escolar. ¿Cómo se gestionan estos tres ámbitos desde la dirección de la escuela?
En primer lugar, hemos procurado instalar liderazgos en cada una de las áreas estratégicas de la Escuela, con sellos propios, pero al mismo tiempo articulados en una visión compartida sobre el sello de nuestra unidad académica y también el institucional. Esto ha permitido promover una toma de decisiones colaborativa, sustentada en la experiencia, el conocimiento especializado y la responsabilidad de cada equipo, sin perder de vista el proyecto común que orienta nuestro desarrollo y crecimiento.
Desde la dirección, entendemos la docencia, la investigación y la vinculación con el medio como dimensiones inseparables del quehacer académico. No se trata de ámbitos paralelos, sino de componentes que deben dialogar y retroalimentarse permanentemente para dar coherencia al proyecto formativo y al liderazgo que nuestra Escuela de Pedagogía ha ido consolidando en la región y en el país.
En el plano formativo, buscamos que la docencia se sostenga en una revisión constante de los planes de estudio, de las prácticas docentes y de los resultados de aprendizaje, con foco en la calidad y la mejora continua. Esto nos ha permitido tener todas las carreras de pregrado con altos niveles de acreditación, lo que también es un sello de calidad y confianza para nuestros estudiantes y sus familias. De la misma manera, nuestros programas de postgrado han obtenido altas acreditaciones y con indicadores de empleabilidad y promoción que son un reflejo de la calidad de su propuesta formativa.
En investigación, impulsamos líneas que dialogan con los desafíos actuales del sistema educativo, de manera que el conocimiento producido por nuestros académicos incida tanto en la formación inicial docente como también en el posgrado y sobre todo un debate educativo más amplio.
Y en vinculación con el medio, una de los ámbitos más demandantes y con mayores desafíos, hemos procuramos construir relaciones de colaboración sistemáticas con el sistema escolar, promoviendo alianzas públicos-privadas de modo que nuestras carreras, sus académicos, estudiantes y programas mantengan un contacto real, pertinente y productivo con los contextos en los que se desempeñarán los futuros profesores y profesoras y los investigadores que formamos.
Gestionar estos tres ámbitos exige una conducción académica que no solo coordine, sino que también construya visión compartida, institucionalice procesos, fortalezca el trabajo colegiado y favorezca una toma de decisiones basada en evidencia y experiencia.
6. ¿Qué estrategias se han impulsado desde la escuela para fortalecer la calidad de la formación docente?
En estos casi seis años hemos impulsado diversas estrategias orientadas al fortalecimiento y desarrollo de la Escuela. En primer lugar, hemos apoyado los proyectos e iniciativas de cada carrera y programa, resguardando su proyección en las distintas áreas estratégicas y disciplinares. Junto con ello, hemos acompañado a los equipos en el cumplimiento de sus planes de mejora y en el desarrollo de sus respectivos procesos de autoevaluación, entendiendo que la calidad requiere seguimiento, reflexión sistemática y una cultura de mejoramiento continuo.
Asimismo, hemos apostado por la creación de nuevos programas de pregrado y posgrado, lo que ha supuesto movilizar capacidades institucionales, articular equipos y proyectar nuevas áreas de desarrollo académico. En ese marco, el año 2024 se abrió el Doctorado en Educación, que posteriormente alcanzó su máxima acreditación, constituyéndose en un hito muy significativo para nuestra Escuela. Del mismo modo, en 2025 abrimos un programa de Prosecución de Estudios para profesores de Enseñanza Media en Artes Visuales y Religión, ampliando nuestra oferta formativa en respuesta a nuevas necesidades del sistema educativo.
Junto a ello, hemos fortalecido decididamente la internacionalización de la Escuela mediante la consolidación de convenios nacionales e internacionales que han ampliado nuestras redes de colaboración académica. Este trabajo se ha reflejado en mayores oportunidades de movilidad para estudiantes de pre y posgrado, así como en pasantías, intercambios y visitas académicas que enriquecen la formación y proyectan a nuestra comunidad en diálogo con otros contextos educativos. Del mismo modo, hemos recibido a académicos y académicas destacados de diversas partes del mundo, cuya participación en seminarios, clases, proyectos y estancias ha contribuido a fortalecer la investigación, la docencia y la reflexión pedagógica desde una perspectiva más amplia.
Otro aspecto que hemos relevado especialmente es la generación de oportunidades de trabajo interdisciplinario con otras facultades de la Universidad, particularmente con Ingeniería y Arquitectura, lo que nos ha permitido abrir nuevas posibilidades de formación, investigación e innovación en torno a problemas educativos complejos. Esta articulación ha sido especialmente valiosa para el desarrollo de iniciativas vinculadas con inclusión, tecnologías digitales, diseño de entornos y recursos para el aprendizaje, y creación de soluciones innovadoras con impacto educativo.
A ello se suma el trabajo en red con otras universidades del país, que ha fortalecido la colaboración académica y ha permitido desarrollar proyectos conjuntos de alta relevancia. Estas alianzas no solo amplían nuestras capacidades institucionales, sino que también han traído logros muy significativos, entre ellos la adjudicación de proyectos de investigación altamente competitivos, que contribuyen a consolidar nuestras líneas de desarrollo y a posicionar a la Escuela en ámbitos estratégicos del quehacer educativo.
De manera complementaria, hemos impulsado la creación de una comisión orientada a fortalecer la innovación y las tecnologías digitales como eje de formación e investigación, con la proyección de avanzar hacia un Laboratorio o Nodo Interdisciplinario que permita consolidar y expandir esta línea.
Finalmente, también hemos promovido proyectos de investigación e innovación en ámbitos como escritura académica, inclusión, evaluación, tecnología educativa y justicia social, porque estamos convencidos de que una Escuela de Pedagogía de calidad no solo debe formar desde la docencia, sino también desde la producción de conocimiento pedagógico relevante, con impacto y en diálogo permanente con los desafíos del sistema educativo a nivel local, nacional e internacional.
IV. Innovación y futuro de la profesión docente
7. La educación enfrenta cambios importantes asociados a tecnología, inclusión y diversidad. ¿Cómo se incorporan estos desafíos en la formación docente?
Estos desafíos se incorporan, en primer lugar, como parte de una comprensión actualizada de lo que significa enseñar hoy. Formar docentes en el presente exige reconocer que las aulas son espacios diversos, que las trayectorias de aprendizaje son heterogéneas y que la cultura digital está modificando profundamente los modos de acceder, producir y comunicar conocimiento.
Por eso, en la formación docente estos temas no pueden quedar relegados a cursos aislados. Deben atravesar la experiencia formativa completa. La inclusión y la diversidad deben formar parte de la reflexión pedagógica, de la didáctica, de la evaluación, de las prácticas y del enfoque ético de la profesión. Del mismo modo, la tecnología debe abordarse no solo desde un uso instrumental, sino desde una perspectiva crítica, pedagógica y situada, que permita a los futuros docentes discernir cuándo, cómo y para qué integrar herramientas digitales en sus procesos de enseñanza.
Hoy, además, la irrupción de la inteligencia artificial nos obliga a repensar la formación docente con más profundidad. No solo porque abre oportunidades, sino porque plantea preguntas éticas, epistemológicas y pedagógicas muy relevantes. Nuestro desafío es formar profesores que no teman estos cambios, pero que tampoco los asuman acríticamente.
8. ¿Qué papel cree que tendrán las universidades en el desarrollo profesional continuo de los docentes?
Van a tener un papel decisivo. Las universidades no pueden limitar su responsabilidad a la formación inicial. En un escenario educativo dinámico, donde cambian los currículos, las políticas, las tecnologías y los contextos escolares, el desarrollo profesional continuo se vuelve indispensable.
Creo que las universidades deben constituirse como aliadas permanentes del sistema escolar, ofreciendo oportunidades de actualización, especialización, acompañamiento e investigación conjunta. Esto supone avanzar hacia modelos de formación continua más pertinentes, más flexibles y más conectados con los desafíos reales de las escuelas y los territorios.
Además, las universidades pueden aportar algo especialmente valioso: la posibilidad de articular experiencia práctica, conocimiento especializado y reflexión crítica. Esa combinación es fundamental para que el desarrollo profesional no se reduzca a capacitaciones puntuales, sino que se convierta en un proceso de crecimiento profesional sostenido, colaborativo y con impacto en las comunidades educativas.
V. Reflexión final
9. Si tuviera que dar un mensaje a los futuros profesores que hoy se están formando, ¿qué les diría sobre el sentido y la responsabilidad de la profesión docente?
A mi juicio, una de las tareas más importantes de la docencia es comprender que las grandes transformaciones sociales no comienzan únicamente en las políticas públicas o en los discursos institucionales, sino también en la sala de clases. Es allí donde se forman niños, niñas, jóvenes y adultos capaces de convivir con otros, de reconocer las diferencias no como amenaza, sino como una oportunidad de aprendizaje, crecimiento y enriquecimiento mutuo. Es allí donde se puede enseñar el valor del cuidado, del respeto, de la empatía, de la justicia y de la responsabilidad con quienes nos rodean.
Educar también significa formar personas con conciencia social, capaces de comprometerse con sus comunidades, de apoyar a otros y de comprender que la vida en común exige responsabilidad y colaboración. Del mismo modo, la escuela tiene un papel fundamental en la formación de una conciencia ética respecto del cuidado de la naturaleza y de los entornos que habitamos. Hoy más que nunca necesitamos una educación que ayude a comprender que somos parte de una comunidad humana y también de un mundo que debemos cuidar de manera responsable y solidaria.
María Verónica Leiva Guerrero
Pontificia Universidad Católia de Valparaíso



