Entrevista a Miguel Rivera Alvarado, Magíster en Gestión Escolar y profesor de historia y geografía.

Miguel Rivera Alvarado, es un profesor de Historia y geografía chileno. Tiene un magíster en gestión escolar de la Universidad del Desarrollo y un máster en calidad y excelencia educativa por la Universidad Santiago de Compostela. Se formó hace más de 15 años como Coach Ontológico, lo que ha significado una ampliación en su campo de acción hasta llegar a diferentes organizaciones productivas y de servicios.

Su carrera como educador, ha estado marcada por el liderazgo y dirección de instituciones escolares, desde hace más de veinticinco años, en diferentes ciudades de Chile donde ha dirigidos colegios particulares y concertados. En todos ellas ha promovido proyectos inclusivos, innovadores y con una fuerte vinculación con la comunidad y el entorno.

El año 2008, obtuvo el premio Pedro de la Barra de la Universidad de Antofagasta y al año siguiente el premio Gabriela Mistral, entregado por el Ministerio de Educación y Fundación Chile.

Su experiencia como Coach Ontológico y Educacional, se ha concentrado en la investigación, formación y difusión sobre competencias conversacionales en organizaciones. Ha recorrido el país acompañando la formación de directores, equipos directivos y profesores en lo que ha sido uno de sus temas de interés, estudio e investigación: las conversaciones. Como especialista en conversaciones, ha formado parte de equipos, programas e intervenciones en desarrollo organizacional, en diversas empresas públicas y privadas.

Durante 8 años fue presidente en el norte de Chile de asociaciones de directores de colegio. El año 2017 funda con otros directores, la Red ECO de directores de escuelas públicas, subvencionadas y privadas de la provincia de Colchagua, red destinada a compartir prácticas de gestión y liderazgo. A partir del año 2022, asume la dirección del Liceo Público Víctor Jara de Peralillo, en Colchagua, siendo esta su primera experiencia en un establecimiento público, gratuito y laico.

Sobre su primer libro “¡Tenemos que conversar! competencias conversacionales para el bienestar personal y social” presentado por el Dr. Rafael Bisquerra, de la Universidad de Barcelona, presidente y fundador de la RIEEB, es que conversamos con Miguel Rivera. El libro fue lanzado en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de México y en la Facultad de Educación de la Universidad Veracruzana, hace algunos meses. A pesar de que no es un libro sobre educación, se ha transformado en una poderosa herramienta de apoyo a la gestión directiva y docente en escuelas de Chile a través de una metodología interactiva denominada +Conversar.

¿Por qué el tema de conversar ha sido un aspecto al cual te has dedicado?

Porque, en mi experiencia dirigiendo escuelas durante tantos años, he podido ver cuán necesario es que los directores seamos capaces de abrir conversaciones, que independientes del objetivo de estas, siempre generen bienestar personal, mejoren el trabajo en equipo y expandan las posibilidades del centro. A mi juicio, la gran herramienta de gestión de un líder escolar es su capacidad para diseñar, abrir y generar conversaciones expansivas y nutritivas Por el contrario, cuando no diseñamos una buena conversación, se generan entropías en los equipos, se estresa la organización y arriesgamos nuestro propio bienestar.

Por otro lado, por mi formación como coach ontológico y educacional, he podido “poner bajo el microscopio” las conversaciones y al tomar conciencia del valor de ellas, nos damos cuenta que desde muy pequeños vivimos conversando y escuchamos conversaciones. Aprendemos que para ponernos de acuerdo, necesitamos conversar, para hacer una petición, recibir una respuesta y convertirla en promesa, conversar se convierte en la opción necesaria.

¿Cuáles son los puntos centrales de tu libro?

Lo primero que te diría, es que está pensado como una reflexión para aprender a conversar mejor.

En el primer capítulo del libro abordo mi propia experiencia conversacional: aquellas conversaciones que forman parte de mi historia familiar, de mi niñez y juventud y cómo, al mirar hacia atrás, puedo ver cuánto marcaron mi vida, aquellas conversaciones gratas y las difíciles; las que quedaron a medio hacer y las que nunca realicé. Te cuento esto, porque hoy tengo la certeza que, si hubiese sabido conversar mejor, los resultados serían diferentes y por supuesto, creo que de mayor bienestar. Y esto es transversal a todos los seres humanos

El segundo punto que me parece importante, es que el libro ¡Tenemos que conversar!, tiene un enfoque esperanzador y propositivo. Lo escribí pensando en generar reflexiones y conversaciones poderosas, de tal manera de reconocer el tremendo potencial que anida en cada uno de nosotros, para transformar la convivencia hacia una experiencia más grata, saludable, armónica, más feliz.

Luego abordo el tema de las definiciones de conversación, tipología, estructura de estas, para llegar finalmente a las competencias conversacionales. Toda esta nomenclatura surge de una investigación realizada durante 12 años en diferentes colegios y escuelas de Chile a partir del reconocimiento de la insatisfacción y a veces sufrimiento experimentado por los actores escolares: directivos, profesores, estudiantes, padres, al conversar.

Si bien, en sus inicios el trabajo de investigación parte de las carencias, con el correr de los años, se traslada al potencial conversacional de determinadas comunidades donde no solo se cumplen los objetivos de la organización, sino que las personas están agradadas de trabajar juntas y quieren seguir haciéndolo juntas.

Desde allí, podemos encontrar la forma de desarrollar nuestro potencial conversacional, conectarnos emocionalmente, escucharnos mejor, hacer peticiones, etc. Claramente ¡somos nuestras conversaciones!

¿Cómo piensas que aquellos puntos centrales pueden facilitar la labor de los directivos escolares?

Creo que esa es una gran pregunta. En una organización tan delicada como es la escuela, en que están involucradas tantas personas y cuya razón de ser es el aprendizaje de los estudiantes en los más amplios ámbitos, la conversación es la base para que ocurran las cosas. Los directivos escolares -también los profesores- deben ser expertos en conversaciones. Y esto es fundamentalmente, tener un adecuado manejo de competencias conversacionales.

¿Y cuáles son esas competencias conversacionales que descubrieron y levantaron?

En los estudios que hemos realizado, hemos descubierto al menos seis de estas competencias: conexión emocional, escuchar, hacer peticiones, efectuar declaraciones fundamentales, retroalimentar y coordinar acciones. Ahora bien estas competencias se pueden aprender en gerundio: conversando, escuchando y retroalimentando conversaciones, haciendo ejercicios de conexión y sintonía emocional con el cuerpo, guardando silencios activos, preguntando, reconociendo necesidades y pedir lo que se requiere, por ejemplo.

¿Cuáles son los principales desafíos de los directivos a la hora de gestionar sus propias conversaciones?

Tal como te decía, la escuela representa un desafío permanente y lo que ocurra, nos debe pillar preparados. Si somos nuestras conversaciones, lo primero que debemos hacer es revisar la calidad de las nuestras, individual y colectivamente, para luego aportar valor al trabajo directivo. Debemos ser capaces mirarnos con honestidad y ser receptivos a la mirada del otro, no sintiéndonos atacados, si no por el contrario, como una oportunidad de crecimiento.

Debemos preguntarnos si al escuchar lo hacemos centrados en lo que nos dicen o estamos preparando la respuesta, si nos conectamos emocionalmente, si nuestro cuerpo expresa lo que nuestro lenguaje señala, si comprendemos al otro y nos sentimos comprendidos desde la legitimidad, si estamos abiertos a la transformación mutua, sabiendo que después de una conversación, ya no seremos los mismos y que cada vez que esto ocurre, hay un mundo de posibilidades nuevas.

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