Entrevista a Miriam Guadalupe Hinojosa Dieck, Rectora del Instituto de Investigación, Innovación y Estudios de Posgrado para la Educación del estado de Nuevo León (IIIEPE), México

Su formación abarca la gobernanza global, las relaciones internacionales y la teoría política, disciplinas que no son las clásicas de la pedagogía. ¿Cómo esa mirada interdisciplinar ha enriquecido, o tensionado, su ejercicio al frente de una institución de posgrado en educación?

Estoy convencida de que la complejidad de los problemas actuales, especialmente aquellos vinculados a la educación, requieren de aproximaciones multidisciplinarias para plantear soluciones innovadoras, así que ciertamente considero que mi perfil, sumado al talento de todo el equipo del IIIEPE enriquece nuestra propuesta formativa.

Sumado a ello, tengo una larga trayectoria como docente universitaria, lo cual me permite tener una mirada compartida con quienes cumplen esta hermosa labor de educar.

Ha transitado por la gestión universitaria, la función pública estatal y la representación electoral. ¿Qué aprendizajes de esas experiencias considera irrenunciables para quien dirige hoy una institución educativa?

Creo que el hilo que une estas distintas facetas profesionales es el servicio.  Para mí el verdadero liderazgo está basado en la vocación (tan propia de la docencia) que es estar disponible para apoyar el desarrollo de las personas y, a través de ellas, de las instituciones.

Mi paso por el ámbito electoral se debe a que estoy convencida del rol central que la democracia tiene en nuestras vidas y que pasa, necesariamente por la educación.  Las instituciones de educación superior han aprendido, al paso del tiempo, que de nada sirve formar profesionistas de excelencia, si no son también ciudadanas y ciudadanos comprometidos con la transformación positiva de su entorno y con los valores democráticos. No podemos renunciar a que esa vertiente esté también presente en nuestros planes de estudio, pero, sobre todo, en la vida cotidiana de nuestras instituciones, donde prevalezcan la libertad, la pluralidad, la inclusión y el respeto.

El IIIEPE es un organismo público descentralizado con una misión específica en investigación, innovación y posgrado. ¿Qué significa gobernar una institución de ese tipo en un contexto de transformación del sistema educativo de Nuevo León?

Creo que más que gobernar, gestiono la gobernanza de esta institución tanto en su interior como en su relación con las otras instancias educativas del estado.

Esto significa trabajar entendiendo que somos parte de un entramado mayor y que debemos ser capaces de identificar en dónde sumamos más.  Ello, por supuesto, en nuestros roles como integrantes de un equipo que da vida al IIIEPE.  Pero también el IIIEPE como una pieza fundamental del sistema educativo de Nuevo León.  Nuestra misión de fortalecer el desarrollo docente de nuestro estado y nuestro país pasa necesariamente por la investigación y la innovación, pero es fundamental que todo lo que hacemos ponga en el centro el bienestar de las infancias y adolescencias a las que se dirige la labor de nuestros estudiantes.  Somos maestros de maestros, nuestro mensaje en clase importa, pero nuestro ejemplo arrastra.

¿Cuáles son, a su juicio, las condiciones institucionales mínimas para que la investigación educativa tenga impacto real en las decisiones de política pública?

Considero que debemos trabajar en dos vías. Por un lado, garantizar que las tesis que realizan los docentes que se forman con nosotros sean investigación situada, que tenga un impacto transformador en el aula.  A lo largo del tiempo hemos podido ver el efecto de “contagio” que un trabajo docente innovador tiene en toda su comunidad educativa, con ello, aula por aula, escuela por escuela, se realizan transformaciones importantes.  Pero, por otro lado es fundamental que como Institución realicemos un trabajo articulador de estos aprendizajes y hallazgos para que, con base en el cuerpo teórico existente y con el apoyo de datos duros, podamos hacer a la autoridad propuestas bien cimentadas que impacten la política pública.  Considero que ni podemos dictar el cambio desde arriba, ajenos a la cotidianeidad de la vida escolar, ni podemos dejar que todo esté a cargo de las maestras y maestros, sino que ambos trabajos deben de converger en mejores aprendizajes y condiciones para toda la comunidad educativa.

Usted presidió el Instituto Estatal de las Mujeres y encabezó comisiones de igualdad de género en el ámbito electoral. ¿Cómo permea esa experiencia en la forma en que concibe la gestión educativa inclusiva?

Una educación que no considera las condiciones específicas de la mitad de la población es inaceptable.  La situación de discriminación y violencia hacia las mujeres que trae aparejada el sistema patriarcal, no es ajena a la escuela, más aún, si no hacemos nada, es en la escuela donde encuentra el caldo de cultivo ideal para reproducirse y perpetuarse.

Quienes trabajamos en la gestión educativa tenemos que asumir no sólo la responsabilidad que nos corresponde en nuestro ámbito de acción, sino innovar con alternativas para atender las diversas temáticas involucradas de manera a modelar, a través de ejemplos concretos, la política pública.

La discriminación y la violencia basadas en el género atraviesan todos los espacios de la vida de las instituciones educativas, tanto desde el punto de vista académico como administrativo.

Ya decíamos más arriba que los espacios escolares son caldo de cultivo para el patriarcado y por lo tanto hay que abordar desde la currícula esta situación desmantelando cuestiones como los roles de género.  Pero la pinza se tiene que cerrar, y eso es lo más retador, a través de la vivencia que alumnas y alumnos tengan en la Institución.  Y que van desde el acto simple pero muy poderoso de nombrar a las alumnas (por ejemplo evitando el genérico “niños”, para referirnos por igual a niñas y niños) hasta condiciones de infraestructura tan simple pero tan necesaria como puertas en los sanitarios para que puedan gestionar adecuadamente su menstruación. Todo ello pasando por la presencia igualitaria en número y trato de docentes mujeres, directivas, administrativas, por mencionar apenas unas cuantas aristas.

Creo que la gran revolución del Siglo XXI la constituye la amplificación del justo reclamo por la igualdad de las mujeres y considero que el espacio idóneo para alcanzar ese cambio es, por lo mencionado arriba, justamente el aula.

¿Qué obstáculos concretos persisten en las instituciones de educación superior para que la equidad de género pase de ser un enunciado normativo a una práctica organizacional real?

Entre muchos otros que pudiera señalar, mencionaré solo algunos: (1) Procesos de reclutamiento con perspectiva de género, tanto en el proceso de matrícula del estudiantado como en el proceso de selección del recurso humano que trabaja en la Institución; (2) Instituciones “generizadas” en las que el estereotipo de las mujeres cuidadoras se traslada a la distribución de tareas para el personal y en la narrativa en el salón de clases, también menos mujeres conforme más se avanza en el liderazgo organizacional y infraestructura sin perspectiva de género (baños que no consideran las necesidades de las mujeres, patios de recreo de los que las niñas son expulsadas por el omnipresente futbol…); y (3) Prácticas que incuben y fomenten el liderazgo femenino, especialmente en las áreas de ingeniería y ciencias exactas.

El posgrado en educación en México enfrenta el desafío de formar investigadores con pertinencia social sin sacrificar rigor académico. ¿Cómo equilibra el IIIEPE esas dos exigencias?

Se trata de un reto especialmente importante, porque no sólo es que el docente o la docente deban tener una mirada crítica sobre la realidad, sino que tienen que ser capaces de encontrar una forma de enseñar a tener esa misma postura a sus alumnas y alumnos, y, al mismo tiempo, no sentirse retados si desde esa lógica sus estudiantes no comparten su manera de ver las cosas.

Para ello, trabajamos, primeramente, en el desarrollo de la capacidad de contextualizar su realidad, identificar sus hallazgos sustentados en datos, articular sus observaciones a la luz de la teoría y proponer alternativas que transformen de forma positiva ese entorno.

Quizá uno de los principales frenos no tiene tanto que ver con que el docente no sea capaz de abstraer de su realidad los elementos que le permitan analizarla, sino ser capaz de remontar su cotidianeidad con la carga de trabajo que involucra, para dejar también tiempo a la sistematización de sus aprendizajes y a la necesaria reflexión.

Por ello, un rasgo distintivo del IIIEPE es su acompañamiento personalizado a fin de que cada estudiante reciba la atención que su caso particular requiere.

Desde su perspectiva como rectora, ¿qué perfil de egresado necesita hoy el sistema educativo de Nuevo León y cómo debe responder a eso un doctorado en educación?

Nuevo León se ha convertido en un polo de atracción para muchas personas que migran desde otros estados y países.  Eso ha traído a las comunidades escolares una pluralidad que no conocíamos y es fundamental que, además de ser visto como un enriquecimiento de nuestra sociedad, brinde la garantía a cada niño y a cada niña que llega a nuestras aulas de poder integrarse y aprender a la par de sus colegas.  Al mismo tiempo, tenemos que trabajar a pasos agigantados para que la tecnología sea una herramienta de aprendizaje y no un distractor e incluso un riesgo.  En síntesis, nuestros retos se ubican en un mundo en cambio permanente y acelerado.  Requerimos formar docentes que sean capaces de aprehender estas nuevas realidades, identificar cómo impactan su vida en el aula y plantear soluciones que pongan en el centro a las infancias y adolescencias que constituyen su estudiantado.

En ese sentido, el desarrollo de habilidades para la investigación que incluyan la capacidad de identificar problemáticas y construir la data necesaria para medir su impacto es fundamental, pero no suficiente.  Debemos también formar para un abordaje innovador que plantee soluciones y alternativas para ponerlas en práctica para conocer la forma en la que inciden (o no) en resolver los problemas. Requerimos, asimismo, que esas soluciones innovadoras tengan un sustento sólido, tanto en el cuerpo teórico pertinente, como en la propia observación del docente por lo que el desarrollo de una mirada crítica es de gran importancia.

Y tenemos que ir más allá, debemos formar docentes capaces de entablar un diálogo constructivo con colegas de todo el mundo que les permita poner sus hallazgos y propuestas en perspectiva, entender cómo el conocimiento que ellos crean se integra a los avances pedagógicos en el mundo entero y retroalimentar su trabajo a la luz de otros descubrimientos que surjan en el tema.

Red AGE reúne instituciones de gestión educativa de más de veinte países. ¿Qué aporta a una institución como el IIIEPE integrarse a redes internacionales de este tipo, y qué puede aportar Nuevo León a esa conversación global?

Justamente, como lo mencionaba en la respuesta anterior, en la actualidad contamos con herramientas extraordinarias para estar al tanto de la vanguardia en materia educativa alrededor del mundo, el reto se encuentra en ser capaces de integrar esa información a nuestros procesos a fin de que resulte en un desarrollo colectivo del conocimiento.  En ese sentido, considero que a contribución que tiene el trabajo en redes como la AGE permite justamente articular esa información a través del debate profundo, el intercambio de experiencias y la puesta en común de plataformas para la divulgación.

El IIIEPE puede y debe aportar a la Red AGE un abanico importante de hallazgos realizados a través de las investigaciones de nuestros estudiantes, las aportaciones de nuestras académicas y académicos, así como espacios de difusión como lo es el más reciente de nuestros lanzamientos: Corchetes: Revista de Investigación Educativa del IIIEPE.

 

Hernán Medrano Rodríguez
Instituto de Investigación, Innovación y Estudios de Posgrado para la Educación del estado de Nuevo León.

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