Entrevista a Luz Stella García Carrillo, profesora de planta de la Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad del Tolima.

Luz Stella García Carrillo, profesora de planta de la Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad del Tolima. Ibagué, Colombia. Doctora en Ciencias de la Educación, Rudecolombia - Universidad del Tolima, magíster en Educación de Adultos de la Universidad de San Buenaventura, magíster en Educación con énfasis en Evaluación Escolar y Desarrollo Educativo Regional de la Universidad Pedagógica Nacional, especialista en Pedagogía y Didáctica de la Educación Física de la Universidad Pedagógica Nacional, licenciada en Ciencias de la Educación, estudios principales en Educación Física de la Universidad Pedagógica Nacional. Coordinadora del Grupo de Investigación Devenir Evaluativo - UT. Ponente en congresos nacionales e internacionales, ha publicado artículos, capítulos y libros sobre evaluación educativa, evaluación en la Educación Física y el currículo y la didáctica en la Educación Física escolar.

Actualmente, ¿cómo percibe la evaluación del estudiante en el contexto universitario?

En términos generales el desarrollo de la evaluación en las instituciones de educación superior ha sido lento y desigual y depende de las condiciones, experiencias e intereses de cada institución y su consolidación como proceso político, pedagógico y ético es una tarea pendiente, pero en progreso.

En el contexto internacional y nacional la evaluación como un campo de estudio o disciplina académica tiene un amplio e incesante  desarrollo, por ello, la universidad pese a los avances logrados, debe encarar el desafío de trabajar en la  resignificación de la evaluación del estudiante al asignar otros sentidos y significados formativos a las prácticas de evaluación del estudiante en el aula universitaria  con  la adecuación a las estructuras curriculares, al contexto político, social y cultural, a las características y necesidades formativas fundamentales de  los programas en la formación profesional y académica, al cambio tecnológico  entre otros.

Dado que en la evaluación las nociones, finalidades, métodos, prácticas y usos han sido eminentemente instrumentales y técnicos, se ha banalizado y en muchos casos se ha reducido a la aplicación de un examen o prueba memorística, a una medida, una rendición de cuentas, una comparación, clasificación, todo ello, fruto de la cultura de la evaluación que ha imperado y que es necesario superar.

En este sentido, la resignificación de la evaluación no es tarea fácil, no se transforma de forma automática y lineal o  con  cambios superficiales, retoques de formatos,  o por decreto;  las nuevas formas de evaluación son un asunto  con implicaciones académicas y políticas  con sustentos pedagógicos  que busca consolidar otras formas alternativas que propicien el aprender, el construir y consolidar el conocimiento y el aprender del error y desde la evaluación formativa he elaborado a modo de  propuesta un listado de  “características estructurales”  imprescindibles  que organizo en la palabra  “PRACCA” la evaluación del estudiante es un  proceso sistemático, es retroalimentadora, articulada  e integrada, contextualizada, comprensiva y adaptable y flexible.   

¿Por qué es importante reconocer la complementariedad entre el calificar y el evaluar?

La evaluación se consolida como un proceso esencial, tiene un papel protagónico y es prioritario que la comunidad universitaria pueda conocer, reflexionar, comprender y apropiar otras miradas formativas de la evaluación que generen otro tipo de prácticas evaluativas.

Aun para muchos integrantes de la comunidad universitaria la principal finalidad de la evaluación del estudiante es la asignación de una calificación, generalmente representada en una escala numérica, situación presentada en el marco de una cultura de la evaluación en el contexto escolar donde medir, clasificar, comparar, rendir cuentas desafortunadamente, ha sido el eje de la práctica evaluativa en el aula. 

Se ha dado mucha más importancia a la calificación, pero es determinante, reconocer los procesos de valoración. Evaluar implica, calificar y evaluar (valorar) como dos procesos simultáneos y complementarios, pero con finalidades, procesos, desarrollos y usos integrados

No se está proponiendo una evaluación desde comprensiones y parámetros estandarizados, que todos se evalúen de la misma forma y en las mismas condiciones, cada universidad desde sus particularidades debe construir una fundamentación conocida, compartida y comprendida por toda la comunidad universitaria que sustente una múltiple y variada práctica evaluativa en el aula, que será  orientada  desde en su normatividad, documentos  y el proyecto educativo institucional

¿y respecto a la retroalimentación del estudiante que puede decir?

En la transformación de la evaluación del estudiante desde un marco formativo en un enfoque socio -crítico de la evaluación, hoy se considera que la retroalimentación en sus diferentes tipos es un ejercicio permanente que se desarrolla a lo largo de la formación, que cada día juega un papel más determinante como un proceso inherente e influyente en la calidad del aprendizaje en cualquier nivel o modalidad educativa.

Indudablemente, la retroalimentación con un enfoque integral y con intencionalidad pedagógica favorece el aprendizaje significativo y situado, la participación activa, la interacción comunicativa, la autoevaluación del estudiante que tiene como finalidad orientar, comprender, acompañar, diagnosticar, corregir, reforzar y en general la mejora y el éxito académico. En cuanto al profesor, permite la reflexión en la práctica, el dialogo reflexivo con diversas formas de comunicación, la empatía entre el estudiante y el docente, la motivación, flexibilizar y realizar adaptaciones en su planeación, en resumen, una toma de decisiones con intencionada tanto de parte del profesor y el estudiante.  

La retroalimentación o realimentación o feedback no se puede encasillar en parámetros restringidos o en entenderla exclusivamente como identificar que se ha hecho mal, que falta y proceder a que el profesor indique cuales correcciones o actividades realizar. Esta interacción no es exclusiva de la práctica evaluativa universitaria y puede y debe realizarse como tarea, proceso y regulación, por otro lado, en forma individual y grupal; es decir, son muchas formas y posibilidades para llevarla al aula en todos los ambientes educativos.

Es este escenario  de la evaluación en el contexto universitario y para volver realidad  los enunciados anteriormente planteados, es necesario propiciar  una política evaluativa concertada a mediano y largo plazo que considere resignificación de  la evaluación del estudiante un esfuerzo y tarea común y no está de más insistir, que  en  paralelo,  está la formación continuada del profesorado que entre otras competencias profesionales,  el profesor universitario hoy, requiere una sólida fundamentación teórica en el tema para  alcanzar su competencia como evaluador

En este sentido, el trabajo respecto a la evaluación es coyuntural y un reto que tenemos todas las universidades.

 

Consuelo Arce González
Universidad de Tolima

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